
Este año llevo la palma en cuanto a sortilegios se refiere. En Nochevieja se batió el record de conjuros y hechizos: queimada con el conjuro incluido, "algo" blanco,"algo" dorado, "algo" rojo, velas azules, rojas, amarillas, violetas, anillo en la copa, dinero dentro del zapato, deseos escritos en un papelito y guardado en el sujetador, ventanas abiertas, agua por la ventana, brindis mirando a los ojos y doce uvas por supuesto... Me olvidé de "algo" que tenía que poner debajo de la cama y sigo sin acordarme que es lo que tenía que haber puesto.
En San Antón me fui a tirarle garbanzos al santo, cuando salió en procesión al lado del cerdito.
En la noche de San Joan, salté las siete olas ( o son nueve?) y quemé lo malo en la hoguera ( o se quema lo bueno?)...
¿Serán importantes esos detalles de "forma" o prevalecerá el "fondo"?
O ¿cuanto tiempo hay que esperar para notar los resultados?
¿Es más efectivo el poder de las brevas cuando caen?
Pues bien, todo indica que no debo estar muy a gusto con ciertas cosas... Y que ha llegado el momento de mirar en otra dirección.
Las distintas mujeres que habitan en mi como diria Gioconda, se quieren ir con la música a otra parte. Y se van a ir. Pero en realidad sólo hay una que está esperando cerrar la puerta con un sonoro portazo y en el rellano de la escalera pegar un buen corte de mangas.
Si tiene que caer la breva bienvenida sea... pero que me pille andando. Que ya no espero.

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