
Este tipo con cara de pasmao es Tlaloc el dios de la lluvia que fue el enamorado de Chalchiutlicue, la diosa de los mares y de los lagos, de los torrentes y de los ríos. La mansión de Tláloc era el Tlalocan; se creía que ahí estaba el paraíso terrenal, lugar de deleite y felicidad. "En aquél lugar siempre es Verano, hay abundancia de verduras; la hierba verde, las flores y frutas olorosas, jamás se secan". En Tlalocan "hay muchos regocijos y refrigerios, sin pena ninguna; nunca jamás faltan las mazorcas de maíz verde y las calabazas y ramitas de bledos, y ají verde y jitomates, y frijoles verdes en vaina y flores".
Para producir la lluvia, Tláloc era ayudado por los tlaloques. La leyenda de los soles habla de tlaloques azules, blancos, amarillos y rojos. Provenían del Sur, del Oriente, del Poniente y del Norte respectivamente. Vivían en las cimas de las montañas y eran muchos, además de ser pequeños y deformes.
Estos diminutos personajes cargaban un palo y vasijas que llenaban con el agua de las tinajas, dejándola caer en los sitios que Tláloc les indicaba. Inmediatamente, con el palo rompían la vasija; de ahí provenían los truenos y los rayos se producían al momento de caer los trozos de los recipientes rotos.

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